Kelly Hogan, la dieta keto-carnívora y la lección que muchas personas no quieren escuchar: a veces hay que comer más, no menos 🥩

Kelly Hogan es una de las mujeres más conocidas dentro del mundo carnívoro.

Si llevas un tiempo leyendo sobre dieta carnívora, keto, metabolismo, resistencia a la insulina o pérdida de peso sin contar calorías como si estuvieras haciendo la declaración de la renta, es bastante probable que su nombre te suene.

Kelly hace coaching, tiene canal de YouTube, una comunidad privada y lleva años ayudando a personas que quieren entender la dieta carnívora más allá del típico:

“Deja el pan y ya está.”

Es decir, en cierto modo, hace algo parecido a lo que hago yo ahora.

Solo que ella lleva haciéndolo casi 20 años.

Y lo interesante es que no llegó ahí desde la teoría. No empezó con un diploma colgado en la pared ni con una presentación muy bonita sobre nutrición. Llegó ahí porque pasó por su propia historia.

Y a veces, una historia vivida en el propio cuerpo enseña más que mil consejos dados por gente que nunca ha estado en ese cuerpo.



De 119 kilos a la dieta carnívora

Kelly cuenta que llegó a pesar alrededor de 119 kilos.

Tenía obesidad, problemas de salud, forúnculos y había llegado a un punto en el que su cuerpo ya no podía seguir siendo ignorado.

Así que eliminó los carbohidratos y pasó a una alimentación carnívora.

Pero no lo hizo con ayuno intermitente.

No con una sola comida al día.

No con 800 calorías y rezos desesperados a la báscula.

Comía tres veces al día, hasta saciarse.

Y perdió peso.

Pero aquí viene la parte importante, porque normalmente, cuando se habla de pérdida de peso, la gente quiere escuchar solo la parte espectacular.

Quiere el antes y el después.

Quiere la transformación.

Quiere la foto con los pantalones antiguos.

Quiere la magia.

Pero el cuerpo no funciona exactamente así.

En un momento determinado, después de haber perdido muchísimo peso, Kelly llegó a estar alrededor de los 80 kilos.

Y ahí se quedó.

La báscula dejó de moverse.

El peso se bloqueo.

Y, como cualquier persona normal, probablemente pensó que quizá ese era su peso estable. Que tal vez de ahí ya no iba a bajar más.

Pero no entró en pánico.

No empezó a castigarse.

No quitó la mantequilla.

No convirtió la dieta carnívora en una dieta de hambre con un nombre más moderno.

Siguió comiendo alimentos de origen animal, tres veces al día, hasta saciarse.

Y después de tres años en los que su cuerpo estuvo bloqueado alrededor de ese peso, la báscula volvió a moverse.

Tres años. 🧱

No tres días.

No tres semanas.

No tres meses.

Tres años.

Y solo después llegó al peso en el que se mantiene desde hace mucho tiempo, alrededor de los 60 kilos.



Un bloqueo no significa que hayas fracasado

Esta es una de las partes más importantes de su historia.

Muchísimas personas empiezan una dieta keto o keto-carnívora y quieren resultados en tres días, tres semanas o tres crisis existenciales delante de la báscula.

Pero el cuerpo no es una máquina de café.

No pulsas el botón de “carnívora” y sale una silueta nueva. 😅

El cuerpo necesita tiempo.

Sobre todo si viene de años de dietas, carbohidratos, insulina alta, inflamación, hambre, restricciones y caos metabólico.

Una meseta no significa automáticamente que la dieta no funcione.

A veces significa que el cuerpo está reparando.

A veces significa que las hormonas se están reajustando.

A veces significa que el metabolismo está intentando salir del modo supervivencia.

Y sí, a veces también puede significar que estás haciendo algo mal.

Pero el error no siempre es comer demasiado.

Muchas veces, el error es justo el contrario.

Comer demasiado poco.


La mujer que no adelgazaba con 700 calorías al día

En uno de sus directos con su comunidad, Kelly contó el caso de una mujer que llevaba un año haciendo keto-carnívora y no perdía ni un gramo.

Un año.

No una semana.

No:

“Empecé el lunes y el viernes estoy enfadada porque no me veo como en las fotos de antes y después.”

Un año.

Kelly le preguntó qué comía.

La mujer le dijo que era muy fácil de calcular, porque comía todos los días lo mismo.

Una sola comida al día.

Eso se llama OMAD, pero dicho en cristiano significa simplemente comer una vez al día.

Su comida era más o menos así:

unas lonchas de bacon y tres huevos.

Nada más.

En total, unas 700 calorías al día.

Setecientas.

Y la mujer no adelgazaba ni un gramo.

Aquí se rompe un poco ese cuento tan bonito de:

“Come menos y muévete más.”

¿No?

Porque si todo fuera solo matemáticas, esa mujer tendría que haberse derretido.

Pero no se derretía.

Estaba bloqueada.


Cuando la solución no es recortar más, sino volver a nutrir el cuerpo

Kelly le dijo exactamente lo contrario de lo que le habría dicho la cultura de la dieta:

“A partir de ahora vas a comer al menos 2000 calorías al día.”

Sí, probablemente al principio le dio miedo.

Normal que le diera miedo.

Cuando vienes de años de dietas, hambre, vergüenza y contar calorías, que alguien te diga que comas más parece casi un delito.

Y sí, Kelly le advirtió que al principio podía subir algo de peso.

Que podía hincharse.

Que podía entrar el pánico.

Pero que dejara al cuerpo pasar por ese proceso.

Porque a veces el problema no es que comas demasiado.

A veces el problema es que llevas demasiado tiempo comiendo demasiado poco.

Y después de subir las calorías, después de empezar realmente a alimentar su cuerpo en vez de castigarlo, ocurrió algo que ella no esperaba:

en unas tres semanas perdió 15 kilos.

Sí.

Comiendo más.

No menos.

Subiendo las calorías.

No recortándolas.

Nutriendo el cuerpo.

No castigándolo.



La mantequilla no es el enemigo 🧈

Y aquí entra también la mantequilla.

La mantequilla no es el enemigo.

La mantequilla es una herramienta.

Especialmente en una dieta keto-carnívora, donde muchísimas personas cometen el mismo error: comen demasiado magro.

Carne magra.

Muy poca grasa.

Demasiado miedo.

Demasiada mentalidad de dieta clásica.

Una dieta keto-carnívora bien hecha no es pechuga de pollo seca con cara de depresión.

Es una alimentación rica en grasas animales, con proteína suficiente.

Como idea sencilla, sobre todo al principio, aproximadamente el 70% de las calorías deberían venir de la grasa.

Y si tu carne es demasiado magra, añades mantequilla.

A los huevos, mantequilla.

A las hamburguesas, mantequilla.

Al pescado, mantequilla.

A la carne, mantequilla.

No porque la mantequilla tenga poderes mágicos.

Sino porque aporta grasa, energía y saciedad.


Puedes quitar los carbohidratos y seguir teniendo mentalidad de dieta

Esta es una de las trampas más grandes.

Muchas personas eliminan los carbohidratos, pero conservan el miedo a las calorías.

Quitan el pan, pero mantienen el hambre.

Quitan el azúcar, pero mantienen el castigo.

Y luego dicen que la dieta no funciona.

Pero quizá no es que la dieta no funcione.

Quizá no estás haciendo keto-carnívora.

Quizá estás haciendo restricción calórica disfrazada de dieta carnívora.

Es decir, has quitado los carbohidratos, pero has mantenido exactamente la misma mentalidad que te llevó una y otra vez al mismo círculo:

come poco, aguanta, controla, cuenta, castígate.

Y el cuerpo no es tonto.

El cuerpo nota cuándo lo estás alimentando y nota cuándo lo estás dejando en modo supervivencia.

Por eso, en keto-carnívora, sobre todo al principio, no se empieza desde el miedo.

Se empieza desde la comida.

Carne.

Huevos.

Pescado.

Grasas animales.

Mantequilla.

Hasta la saciedad.

No hasta reventar.

No hasta comer compulsivamente.

Sino hasta que el cuerpo dice:

ya está, estoy bien.


¿Por qué casi todas las dietas parecen funcionar al principio?

Aquí quedan varias preguntas muy interesantes.

¿Por qué algunas personas pierden peso al principio cuando reducen calorías, pero después se bloquean?

¿Por qué algunas personas adelgazaron en el pasado con restricción calórica, pero ahora ya no les funciona?

¿Por qué algunas personas pasan al veganismo o a “comer sano” y al principio se sienten mejor?

¿Por qué casi cualquier dieta parece funcionar al principio, al menos durante un tiempo?

Porque esta es una de las mayores confusiones en nutrición:

cualquier dieta que elimine basura puede funcionar al principio.

Si quitas azúcar, harinas, picoteos, aceites vegetales, refrescos, galletas, cereales de colores y “snacks saludables” que en realidad son postres con buena campaña de marketing, es normal que al principio el cuerpo responda mejor.

Pero la pregunta importante no es qué pasa durante las dos primeras semanas.

La pregunta importante es:

¿qué pasa después?

¿Qué pasa cuando se acaba la motivación inicial?

¿Qué pasa cuando el cuerpo deja de responder al hambre?

¿Qué pasa cuando el metabolismo lleva años intentando sobrevivir con muy poco?

¿Qué pasa cuando ya no puedes recortar más porque prácticamente no estás comiendo nada?

Ahí empieza la conversación de verdad.

No en los eslóganes.

No en el “calorías que entran, calorías que salen” repetido como si fuera una verdad absoluta que explica todo.

No en el miedo a la mantequilla.

Sino en entender el cuerpo como un sistema vivo, inteligente y adaptativo.

Un cuerpo que no necesita ser castigado.

Necesita ser alimentado.


Si quieres empezar a entender tu metabolismo de verdad

Si este tema te toca de cerca, si llevas años haciendo dietas, si sientes que comes poco y aun así tu cuerpo no responde, o si estás empezando con keto-carnívora y no quieres hacerlo desde el miedo, puedo ayudarte a ordenar todo esto.

Trabajo con personas que quieren mejorar su salud metabólica, perder peso, entender la resistencia a la insulina y construir una alimentación basada en comida real, saciedad y estabilidad.

Puedes trabajar conmigo en sesiones de coaching privado aquí: https://sashafodor.es/3-meses-coaching/

Y si prefieres empezar a tu ritmo, también puedes ver mis guías digitales aquí: https://sashafodor.es/guias-digitales/

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