Psicodélicos, keto-carnívora y la fantasía de no tocar la muerte
Cuando entré en el mundo de los psicodélicos, una de las primeras cosas que sentí fue esto:
“Qué mundo más bonito.” 🌿
Y lo digo de verdad.
El mundo psicodélico está lleno de personas que quieren sanar, comprender, reparar, reconectar. Personas que buscan algo más profundo que vivir en automático, trabajar, consumir, distraerse y repetir el mismo día hasta morirse.
Los psicodélicos, cuando se usan en un marco serio, no son simplemente “sustancias”.
Son puertas.
Puertas hacia la conciencia, hacia el cuerpo, hacia el trauma, hacia la naturaleza, hacia la muerte, hacia el amor.
Por eso entiendo perfectamente que muchas personas que entran en este camino sientan una necesidad profunda de vivir de una manera más compasiva, más limpia, más conectada, más amable, más cercana a la naturaleza.
Y aquí aparece algo muy frecuente en el mundo psicodélico: el vegetarianismo y el veganismo.
Cuando empecé a formarme y a conocer más este universo, me encontré con que una parte enorme de las personas alrededor de los psicodélicos eran vegetarianas o veganas.
Y yo, que venía de la dieta keto-carnívora, me sentí un poco extraterrestre.
Como si hubiera entrado en una ceremonia ancestral vestida de chuletón. 🥩
No porque nadie me atacara directamente.
Sino porque había una atmósfera bastante clara:
comer plantas parecía más espiritual.
Comer carne parecía más primitivo, más pesado, más violento, menos evolucionado.
Y durante un tiempo me pregunté si yo era la única rara en esta intersección entre psicoterapia asistida con psicodélicos y alimentación keto-carnívora.
Después investigué más y entendí que no, no estaba sola.
Pero también entendí que este terreno está todavía muy poco explorado.
Porque en la mentalidad occidental moderna hemos creado una división muy simple:
comer plantas = bueno
comer animales = malo
vegetariano = compasivo
carnívoro = violento
Pero la naturaleza no funciona así.
Y la conciencia, si queremos mirarla de verdad, tampoco.
El impulso vegano nace muchas veces del amor
Quiero dejar algo claro desde el principio.
No creo que la mayoría de las personas del mundo psicodélico se hagan veganas o vegetarianas por estupidez, por moda o por sentirse moralmente superiores.
Algunas sí, claro, como en todas partes.
Pero muchas no.
Muchas lo hacen desde un lugar profundamente sensible.
Desde el dolor de ver cómo tratamos a los animales.
Desde el rechazo a la industria alimentaria moderna.
Desde el deseo de no participar en el sufrimiento innecesario.
Desde una conexión real con la naturaleza.
Desde una experiencia psicodélica en la que han sentido que todo está vivo, que todo está conectado, que los animales no son objetos, que la vida no es una fábrica y que el ser humano se ha separado brutalmente del mundo natural.
Y eso lo respeto muchísimo. 🤍
Porque yo también amo a los animales.
Yo también he llorado por animales.
Yo también he cuidado animales enfermos hasta el último segundo.
Yo también he sentido que un animal no es “una cosa”, sino una presencia, una forma de conciencia, un ser que merece respeto.
El problema no está en la compasión.
El problema aparece cuando confundimos compasión con negación de la muerte.
Porque no es lo mismo.
La vida se alimenta de vida
La frase puede sonar dura, pero es real:
La vida se alimenta de vida.
Siempre.
En cualquier forma.
Un león no es malo porque come una gacela.
Una gacela no es moralmente superior porque come hierba.
Un lobo no es cruel porque caza.
Un águila no es menos espiritual porque atrapa un animal. 🦅
La naturaleza no funciona con nuestras categorías morales modernas.
No hay un comité cósmico diciendo:
“Muy mal, señor león, hoy has bajado tu vibración porque te has comido una cebra.”
La naturaleza es más compleja, más brutal y más sagrada que nuestra necesidad infantil de dividirlo todo en buenos y malos.
Y aquí creo que muchas personas espirituales, incluso dentro del mundo psicodélico, se quedan atrapadas.
Quieren naturaleza.
Pero no toda la naturaleza.
Quieren la parte bonita.
Los árboles, los cantos, los ríos, los hongos, la tierra, los rituales, los abrazos, el fuego, la comunidad, la Madre Tierra.
Pero no quieren mirar la otra parte.
La sangre.
La caza.
La muerte.
El depredador.
El cadáver.
El sacrificio.
La descomposición.
El ciclo real de la vida.
Pero la naturaleza no es solo flores y colibríes.
La naturaleza también es un animal matando a otro animal para sobrevivir.
Y eso no la hace menos sagrada.
La hace completa.
Psicodélicos y caza: dos cosas ancestrales
A veces hablamos de los psicodélicos como si fueran lo más ancestral del mundo.
Y lo son.
Las plantas maestras, los hongos, los cactus sagrados, los rituales, los chamanes, las ceremonias, los estados expandidos de conciencia… todo esto forma parte de la historia profunda de la humanidad. 🍄
Pero la caza también.
La carne también.
El fuego también.
El animal compartido por la tribu también.
La grasa animal también.
El hueso, la piel, la sangre, el caldo, el órgano, el tuétano.
Todo eso también es ancestral.
No podemos romantizar al chamán con su planta sagrada y luego escandalizarnos del cazador con su animal.
Muchas culturas tradicionales no tenían esta separación moderna entre espiritualidad y muerte.
No vivían la muerte animal como una cosa sucia que había que esconder en una bandeja de supermercado.
La vivían como parte del ciclo.
Con respeto.
Con ritual.
Con gratitud.
Con conciencia.
Eso no significa justificar la crueldad.
No significa defender la industria moderna donde los animales son tratados como productos.
No significa cerrar los ojos ante el sufrimiento innecesario.
Pero sí significa entender que comer animales no es, en sí mismo, una desconexión de la naturaleza.
A veces puede ser exactamente lo contrario.
Puede ser una forma de recordar que la vida tiene un precio.
Que nuestro cuerpo no vive de luz.
Que la materia importa.
Que la muerte no desaparece porque nosotros decidamos mirar hacia otro lado.
La fantasía de no hacer daño
Creo que una parte del impulso vegano moderno viene de algo muy humano:
no queremos participar en la muerte.
Queremos sentir que vivimos sin hacer daño.
Queremos tener las manos limpias.
Queremos creer que, si comemos plantas, estamos fuera del ciclo de la violencia.
Pero no lo estamos.
La agricultura también mata.
Mata insectos.
Mata roedores.
Mata aves.
Destruye hábitats.
Modifica ecosistemas.
Usa maquinaria, pesticidas, monocultivos, transporte, agua, suelo.
No existe una alimentación sin muerte.
Existe una alimentación con más o menos conciencia.
Con más o menos daño.
Con más o menos honestidad.
Pero sin muerte, no.
Y esto no lo digo para atacar a los veganos.
Lo digo porque me parece importante dejar de vivir en fantasías morales.
La idea de que una dieta basada en plantas es automáticamente pura, limpia y libre de muerte es una ilusión muy cómoda.
Pero sigue siendo una ilusión.
Nosotros, como mamíferos, sentimos más empatía por otros mamíferos.
Es normal.
Nos conmueve más una vaca que una lechuga.
Nos duele más un perro que una cucaracha.
Pero eso no significa que nuestra escala emocional sea una escala objetiva del valor de la vida.
¿Quién ha decidido que una cucaracha vale menos que nuestro perro?
¿Quién ha decidido que un ratón de campo muerto por una cosechadora importa menos que una vaca?
¿Quién ha decidido que una planta no cuenta porque no tiene cara?
Muchas veces no estamos hablando de ética universal.
Estamos hablando de nuestra percepción.
De nuestra biología.
De nuestra sensibilidad selectiva.
De nuestra incapacidad de mirar la muerte cuando se parece demasiado a nosotros.
Comer carne no te hace menos espiritual
Esta es quizá una de las frases que más necesito decir:
Comer carne no te hace menos espiritual.
Y comer plantas no te hace automáticamente más consciente.
La espiritualidad no está en el plato de forma tan simplista.
Puedes ser vegano y estar lleno de juicio, rabia, superioridad moral y desconexión de tu propio cuerpo.
Y puedes comer carne con gratitud, respeto, conciencia y una relación profunda con la vida y la muerte.
También puede ocurrir al revés, por supuesto.
Hay personas carnívoras completamente desconectadas, agresivas y sin ningún respeto por los animales.
Y hay personas veganas profundamente amorosas, coherentes y sensibles.
El punto no es crear otro dogma.
El punto es salir del dogma.
Porque el problema no es ser vegano.
El problema es creer que tu dieta te convierte automáticamente en un ser moralmente superior.
Y esto lo vemos mucho en el mundo espiritual.
La comida se convierte en identidad.
La identidad se convierte en ego.
Y el ego se disfraza de compasión.
“Yo no como animales, por lo tanto soy más evolucionado.”
“Yo no consumo muerte, por lo tanto vibro más alto.”
“Yo estoy más conectado con la naturaleza.”
Pero la naturaleza no es vegana.
La naturaleza es un ciclo constante de nacimiento, vida, muerte, descomposición y renacimiento.
Y si no puedes mirar eso, quizá no estás más conectado con la naturaleza.
Quizá solo estás conectado con una versión editada, estética y occidental de la naturaleza.
Una versión sin sangre.
Sin barro.
Sin dientes.
Sin hambre.
Sin muerte.
La keto-carnívora también puede ser un camino de reconexión
Para mí, la dieta keto-carnívora no es simplemente una estrategia para adelgazar.
No es una moda.
No es “comer bacon porque sí”.
No es una provocación.
Es una forma de volver al cuerpo.
De escuchar la biología.
De entender que somos animales.
Sí, animales.
Mamíferos.
Con una fisiología concreta.
Con necesidades concretas.
Con un metabolismo que no se arregla a base de frases espirituales.
Puedes hacer todas las ceremonias del mundo, pero si tu cuerpo está inflamado, si tienes resistencia a la insulina, si tu glucosa sube y baja todo el día, si tienes hambre constante, ansiedad, niebla mental, cansancio, problemas hormonales y un sistema nervioso desregulado, tu espiritualidad también va a estar atravesada por ese cuerpo.
Porque no somos conciencia flotando en el aire.
Somos conciencia encarnada.
Y esto para mí es clave.
El mundo psicodélico habla mucho de conciencia, pero a veces se olvida del metabolismo.
Habla mucho de trauma, pero a veces se olvida de la glucosa.
Habla mucho de integración, pero a veces se olvida de la inflamación.
Habla mucho del alma, pero a veces se olvida del hígado, del intestino, de la insulina, de las proteínas, de las grasas, de los nutrientes.
Y no debería ser así.
Porque el cuerpo también es espiritual.
La carne también es cuerpo.
La grasa también es energía.
La sangre también es vida.
El metabolismo también forma parte de la conciencia.
No hay expansión real de conciencia si seguimos odiando la materia.
No hay espiritualidad encarnada si seguimos tratando al cuerpo como un obstáculo.
No se trata de elegir entre compasión y biología
Creo que aquí está el verdadero punto:
no deberíamos tener que elegir entre amar a los animales y respetar nuestra biología.
No deberíamos tener que elegir entre compasión y nutrición.
No deberíamos tener que elegir entre psicodélicos y carne.
Entre espiritualidad y metabolismo.
Entre conciencia y grasa animal.
Una mirada más madura sería esta:
Sí, los animales importan.
Sí, el sufrimiento animal importa.
Sí, la industria alimentaria moderna es muchas veces brutal, desconectada y profundamente enferma.
Sí, debemos cuestionar cómo se produce nuestra comida.
Sí, debemos recuperar respeto, gratitud y conciencia.
Pero también:
Sí, el ser humano ha comido animales desde siempre.
Sí, la carne y la grasa animal son alimentos densos nutricionalmente.
Sí, muchas personas destruyen su salud intentando sostener dietas que no les funcionan.
Sí, hay gente que mejora su salud mental, metabólica, hormonal y digestiva cuando vuelve a una alimentación basada en productos animales.
Sí, la naturaleza incluye muerte.
Y sí, comer carne puede hacerse desde un lugar de respeto, no de brutalidad.
La pregunta no es:
“¿Cómo puedo no participar nunca en la muerte?”
Porque eso es imposible.
La pregunta quizá debería ser:
“¿Cómo puedo participar en la vida y en la muerte con más conciencia, más gratitud y menos autoengaño?”
Lo que los psicodélicos me enseñaron sobre la muerte
Si algo me han enseñado los psicodélicos es que no podemos evitar la muerte.
Y tampoco podemos evitar por completo el dolor.
Podemos intentar vivir mejor.
Podemos reducir el sufrimiento innecesario.
Podemos crear tecnología, medicina, terapias, sistemas, conocimiento, herramientas, formas de cuidar más y destruir menos.
Y eso está bien.
Eso también forma parte de la evolución humana.
Pero no podemos eliminar la muerte del ciclo de la vida.
No podemos vivir como si la muerte fuera un error del sistema.
No podemos pretender que una vida “más espiritual” significa una vida sin muerte, sin cuerpo, sin sangre, sin pérdida, sin materia.
A veces la espiritualidad occidental moderna intenta saltarse lo más incómodo de estar vivos.
Quiere luz, pero no sombra.
Quiere amor, pero no duelo.
Quiere naturaleza, pero no depredación.
Quiere conciencia, pero no cuerpo.
Quiere alimentos “puros”, pero sin mirar todo lo que muere para que podamos comer.
Y quizá ahí está el problema.
No en querer hacer menos daño.
Eso es hermoso.
El problema está en creer que podemos vivir sin hacer ningún daño, sin tocar la muerte, sin formar parte del ciclo.
Porque no podemos.
Somos vida que se alimenta de vida.
Somos cuerpo y conciencia.
Somos tierra, sangre, emoción, metabolismo, espíritu, hambre, amor, miedo y muerte.
Y quizá la madurez espiritual no consiste en parecer más puro.
Quizá consiste en ser más honesto.
Más encarnado.
Más capaz de mirar la realidad completa.
La flor y la sangre. 🌺🩸
La ceremonia y el alimento.
El espíritu y el cuerpo.
El amor por los animales y la biología humana.
Para mí, ahí se encuentran la psicoterapia asistida con psicodélicos y la dieta keto-carnívora.
No en una contradicción.
Sino en una misma búsqueda:
volver a lo real.
Volver al cuerpo.
Volver a la naturaleza.
Volver a la conciencia.
Volver a una forma de vivir menos desconectada, menos domesticada, menos infantilizada.
Más profunda.
Más humana.
Más verdadera.
Si quieres conocer mi trabajo
Si quieres conocer mi trabajo con terapia asistida con psicodélicos, puedes leer más aquí:
Y si quieres trabajar conmigo en un proceso de salud metabólica, alimentación keto-carnívora y reconexión con tu cuerpo, puedes ver el programa aquí: https://sashafodor.es/terapia-asistida/
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Con cariño,
Sasha


